La globalización no es pecado

El mundo cada día es más pequeño, más plano, más global. Las nuevas tecnologías no solo han supuesto un cambio en nuestra forma de relacionarnos sino que también han permitido que dispongamos casi en tiempo real de una grandísima cantidad de información.

En este contexto, en el de un mercado global, participado por un número grandísimo de agentes no tendría mucho sentido que si los propios Estados están eliminando paulatinamente las trabas arancelarias y burocráticas que impedían o dificultaban la importación de mercancías y de capital humano; los sujetos no pudiéramos participar en el terreno de juego por la imposibilidad de comunicarnos entre sí.

El mercado laboral se ha internacionalizado y es indispensable un adecuado conocimiento de idiomas para optar a un buen puesto de trabajo. Ya no basta con saber inglés sino que es necesario conocer un segundo idioma o un tercero.

Hay más de quinientos millones de hispanohablantes en todo el mundo y otros trescientos lo utilizan como lengua vehicular. El español es el idioma oficial de casi todos los países de América del Sur, y en la primera potencia del mundo, los Estados Unidos, hay casi veinte millones de hispanohablantes.

Nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, solo superado por el chino y el inglés.

Si hemos conseguido establecer unas reglas de juego comunes a todos; aquel que por desconocimiento no sepa leer las instrucciones quedará al margen de la partida.

Enseñar consiste en instruir; en crear las condiciones adecuadas para producir un conocimiento nuevo – adquirido a través del estudio o de la experiencia-  Considero que la enseñanza de cualquier materia supone una gran responsabilidad que requiere la máxima competencia por parte del enseñante: no solo en cuanto a las condiciones cognoscitivas se refiere sino también a las psicopedagógicas.

Como he dicho en el párrafo anterior, quien enseña es aquel que ya sabe, gracias al estudio o a la experiencia. Esto supone en primer lugar un acto de conciencia: es decir, hay un grupo de personas que ignora lo que yo sé.

La interiorización de este principio es básico para poder aplicar el resto de cualidades que considero debe tener un buen profesor: paciencia y generosidad. Si establecemos un esquema de los sujetos intervinientes en un proceso de enseñanza o de aprendizaje diríamos que existen: un profesor que enseña, uno o varios alumnos que aprenden y el objeto del estudio, en este caso el español.

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