Los 10 mejores argumentos para estar en contra (o a favor) de que el Estado proteja la cultura.

Desde hace años es habitual escuchar opiniones en contra de la globalización. Los argumentos que defienden los críticos del libre comercio son muy variados y de diversa categoría. ¿Es cierto que la globalización provoca la homogenización de la cultura? ¿Están en peligro de desaparición culturas ancestrales por el desarrollo del libre comercio? ¿Debemos temer una pérdida en la “autenticidad” cultural de las comunidades? ¿Qué hay de cierto en los argumentos en contra y en favor de la globalización?

Un primer acercamiento al tema conlleva ineludiblemente la definición de los términos globalización y cultura. Partiremos del enfoque que sobre globalización aporta Tom Palmer, entendiendo como tal :” la disminución o eliminación de las restricciones impuestas por el Estado sobre el intercambio voluntario a través de las fronteras, y al cada vez más integrado y complejo sistema mundial de intercambio y producción que ha surgido como resultado de dichas restricciones estatales sobre el comercio voluntario a través de fronteras”

Ahora hablemos de cultura. El término ha sido utilizado en una gran variedad de formas. En la Antigüedad clásica se refería al desarrollo de las capacidades específicamente humanas que, regidas por ciertas normas, permitían obtener resultados culturales. Hoy está considerablemente aceptada una formulación que, partiendo de Malinowski, entiende la cultura como la suma de respuestas dadas a las necesidades elementales del Ser Humano, tales como alimentarse, reproducirse, comunicarse, etc. Estas respuestas, como habían anticipado los griegos, terminan por convertirse tan indisolubles para la Humanidad como las necesidades primarias.

El enfoque que utilizaremos es aquel que define la cultura como las formas de vida concretas que la gente lleva en común, en lo que Peter Berger llama:” su sentido social científico convencional: como las creencias, valores y, estilos de vida de la gente común en su existencia diaria”.

La globalización no es ni muchísimo menos un fenómeno reciente; los ejemplos no escasean. Alrededor del año 420 AC, el filósofo Demócrito de Abdera escribió:” Para un hombre sabio, toda la Tierra está abierta; pues la patria de un buen espíritu es toda la tierra”. El comercio internacional ha sido identificado desde hace mucho tiempo con la civilización en sí misma. En el libro noveno de la Odisea, Homero presenta a los cíclopes como salvajes precisamente porque no comercian ni tienen contactos con otros:

“Los Cíclopes no poseen naves con proas carmesíes, no hay carpinteros ahí para construirlas en buenas condiciones que pudieran navegarlos a puertos extranjeros de escalaasí como la mayoría de los hombres se arriesgan a los mares para comerciar con otros hombres”

Sin embargo, los griegos no fueron los únicos en ver los beneficios del libre comercio; el Emperador de la dinastía Song del Sur, Gao Zong (1127-1162) dijo que:” las ganancias del comercio marítimo son muchas. Si se administran adecuadamente, pueden sumar millones (de alforjas de monedas). ¿No es mejor esto que imponer tributos sobre el pueblo?”. En el siglo XVIII, el dramaturgo inglés Joseph Addison publicó un relato de sus experiencias con la globalización en The Spectator en 1711:

“Los factores (agentes comerciales) en el mundo comercial son los que los embajadores en el mundo político; negocian asuntos, concluyen tratados, y mantienen buena correspondencia entre esas abundantes sociedades de hombres que están divididas unas de otras por los mares y océanos, o viven en diferentes extremidades de un continente”

Otra figura literaria francesa, François-Marie Arouet, conocido universalmente como Voltaire, en sus Cartas Filosóficas, describe a sus lectores franceses la estimulante, excitante y tolerante atmósfera que se respiraba en la Inglaterra de la época:

“Ve a la bolsa en Londres, ese lugar más venerable que muchas cortes, y verás representantes de todas las naciones reunidos allí para beneficio de la humanidad. Ahí el judío, el mahometano, y el cristiano negocian uno con otro como si pertenecieran a la misma religión, y se guardan el nombre del infiel para aquellos que caen en la bancarrota”

En cambio, no todos veían con el mismo entusiasmo el desarrollo del libre comercio. Un crítico de la globalización comercial particularmente influyente fue Justus Möser. Möser condenaba el comercio, a los mercaderes, a los vendedores y a los judíos. Hizo campaña contra las personas que llevaban bienes al campo y corrompían los “principios buenos” de los campesinos:

“Nuestros ancestros no toleraban estos tenderos rurales; ellos prescindían de las libertades de mercado; ellos prohibieron a los judíos en nuestra diócesis; ¿por qué el rigor? Ciertamente con el fin de que los habitantes del campo no fueran estimulados, tentados, llevados por el mal camino, y engañados diariamente”.

Möser creía que el comercio terminaría liquidando los principios tradicionales del mundo rural que él identificaba como los buenos principios. Sin embargo,  Möser no solo se preocupaba de los principios morales sino también por los efectos de la difusión de los principios universales. En 1772 se posicionó en contra de la idea de los derechos humanos universales porque:” se alejan del verdadero plan de la naturaleza, que revela su riqueza a través de la multiplicidad, y despejan al camino al despotismo, el cual busca coaccionar a todos de acuerdo a unas pocas reglas, perdiendo así la riqueza que acompaña la diversidad”.

Möser y sus seguidores modernos sugieren que la libertad de comerciar y viajar hará que todo el mundo sea homogéneo, carente de diversidad, y por ende más pobre. Conformen las sociedades interactúen más, afirman, se vuelven más similares.

Los autores del estudio Alternativas a la Globalización Económica empiezan el capítulo sobre “Diversidad” con esta sorprendente queja:

“Hace unas décadas atrás, todavía era posible salir de la casa e ir a alguna otra parte donde la arquitectura fuera diferente, el paisaje fuera diferente, y el idioma, el estilo de vida, y los valores fueran diferentes”.

¿Sera cierto que el comercio global conlleva a una pérdida neta de la experiencia humana de la diversidad? El tema fue ampliamente estudiado por el sociólogo Georg Simmel, quien estudio los procesos de formación y diferenciación de grupos. Simmel observo que, conforme los grupos se expanden en tamaño y se extienden, tienden a diferenciarse más internamente. Cuanto más grande sea el número de personas interactuando, mayor será el número de papeles y nichos y habrá más oportunidades para la individualización y la diversidad entre personas.

Algunas personas buscan proteger las diferencias culturales a través de mecanismos coercitivos, como por ejemplo: subvenciones para la producción de bienes culturales o la limitación de importación de películas y libros extranjeros.

En defensa de estas restricciones a los principios del libre comercio, el que fuera presidente de la república francesa, François Mitterrand sostuvo que: “Lo que está en juego es la identidad cultural de todas las naciones. Es el derecho de todos los pueblos a su propia cultura. Es la libertad de crear y escoger nuestras propias imágenes. Una sociedad que abandona a otros la manera de mostrarse a sí misma, es decir, la manera de representarse a sí misma, es una sociedad esclavizada”

Pascal Lamy, Comisario Comercial de la Unión Europea, insiste que los principios del libre mercado no deberían aplicarse a la cultura, ya que: ”Los productos culturales son especiales, en el sentido de que, por una parte, pueden ser comprados, vendidos, importados y exportados, y por la otra, a pesar que todo conduce a su categorización como bienes y servicios en su comercialización, aun así no pueden ser reducidos a ser simples bienes y servicios debido a sus valores y contenidos creativos”

La insistencia en imponer unos bienes culturales por vía coactiva a toda una comunidad con la excusa de proteger la “identidad cultural de una nación” conlleva el problema de dilucidar que es cultura y que no lo es pero, ¿Quién será el encargado de tomar esas decisiones y cómo?  ¿Quién determinara lo que se incluye y aquello que se excluye del término “cultura”? ¿Bajo qué principios y con qué objetivos hará esa clasificación?

La objeción típica en contra la globalización sostiene que esta erosiona la autenticidad cultural, o incluso que diluye la pureza de la cultura. Por ejemplo, los autores del informe Alternativas a la Globalización Económica, afirman que:” Los logotipos comerciales reemplazan a las culturales locales auténticas como la fuente primaria de identidad personal”

En la misma línea Manfred Steger asegura que: “En el largo plazo, la McDonalizacion del mundo equivale a la imposición de estándares uniformes que eclipsan la creatividad humana y deshumanizan las relaciones sociales”. Maude Steger, del “Consejo de los Canadienses”, alega que:” Los gobiernos y pueblos alrededor del mundo están cada vez más preocupados por una homogenización cultural global dominada por los valores y estilos de vida estadounidenses y Occidentales que son representados a través del enorme complejo industrial del entretenimiento de Estados Unidos”. Tales cuestionamientos radican en la confusión sobre la naturaleza de la cultura y en la confusión sobre la naturaleza de la identidad personal.

Con respecto a la pureza o autenticidad cultural, cabe decir que descansan sobre  mitos y fantasías. Es casi imposible encontrar una cultura en cualquier lugar del planeta que uno pueda catalogar como “pura”  ya que cada cultura ha sido influenciada por otras. La búsqueda de la “autenticidad” es una quimera. Ya no existe ninguna cultura que pueda ser identificada como “pura”, es decir, que no sea una mezcolanza de pedazos y piezas aportados o extraídos de otras culturas.

Esta es una de las tesis defendidas por el novelista y ensayista francés Amin Maalouf; quien en su libro Identidades Asesinas, analiza la problemática cultural desde la perspectiva de la identidad cultural.

Para Maalouf, la personalidad sería una suma de la herencia biológica, la herencia cultural y la experiencia. Identidades Asesinas es un canto al individualismo frente a la tribu, a la diversidad y libre intercambio cultural como elementos formadores del patrimonio cultural del hombre.

La identidad, asegura Maalouf:” La identidad no está hecha de compartimentos, no se divide en mitades, ni en tercios o en zonas estancas […]La identidad de una persona está constituida por infinidad de elementos que evidentemente no se limitan a los que figuran en los registros oficiales”.

Tal y como indico el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa:” Pretender imponer una identidad cultural sobre la gente equivale a encerrarlos en una prisión y negarles la más preciada de sus libertades – la de escoger que, como, y quienes quieren ser”

El derecho a comerciar es un derecho humano fundamental. El proteccionismo cultural debe rechazarse no en el nombre de la eficiencia económica sino en el nombre de la cultura, ya que éstas viven y florecen en la libertad y la prosperidad.

¿Estás a favor o en contra del proteccionismo cultural?

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One thought on “Los 10 mejores argumentos para estar en contra (o a favor) de que el Estado proteja la cultura.

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