Cómo la lengua determina la forma en la que percibimos el mundo: la hipótesis Sapir-Whorf

La aparición y posterior desarrollo del relativismo lingüístico – entre los años 20 y 40 – provocó un fuerte impacto en la historia reciente de la lingüística. Su visión -no del todo novedosa- de las relaciones entre lenguaje y pensamiento; y su perfecta acomodación entre las teorías científicas imperantes, hizo que muchos lingüistas rescatasen del olvido un campo de estudio que hasta aquel momento llevaba varios siglos de abandono; el de las lenguas amerindias.

Fue F. Boas quien en 1911 con la publicación del Handbook of American Indian Language, interrelaciona por primera vez hechos lingüísticos y culturales llegando a la conclusión de que a cada sistema lingüístico le corresponde una determinada cosmovisión de la realidad.

De esta forma, al establecerse un vínculo entre la cultura y tradición de una comunidad y el lenguaje que utiliza; ésta podrá ser utilizada como vía de acceso para el estudio y la comprensión no solo de esa comunidad sino también del entorno al que pertenece.

Las tesis de Boas tuvieron gran repercusión especialmente entre los lingüistas norteamericanos quienes al poco de empezar a estudiar las lenguas amerindias advirtieron de las dudas que planteaban las dualidades entre lengua/cultura y lengua/pensamiento.

Fruto de esa crítica empieza a aparecen una segunda generación de antropólogos lingüistas que reacciona frente a la filosofía del lenguaje. Esa nueva generación de científicos – encabezada por Edward Sapir y uno de sus discípulos más aventajados: Benjamin Lee Whorf – parte de datos constatados empíricamente para elaborar sus teorías y utilizan como objeto de estudio comunidades sin escritura y a veces incluso en vías de extinción.

La Hipótesis Sapir-Whorf –también conocida como PRL (Principio de relatividad lingüística) – tiene muchas interpretaciones que se pueden resumir en dos versiones: una versión radical y una versión débil. La versión radical propone que la estructura de nuestra lengua determina la manera en que percibimos el mundo. La versión débil de la afirmación supone  que la estructura de una lengua solamente afecta a la visión del mundo adoptada por los hablantes de la lengua hablada. (Deutscher 2010).

“We see and hear and otherwise experience very largely as we do because the language habits of our community predispose certain choices of interpretation”. (Sapir 1949: 69).

“The categories and types that we isolate form the world of phenomena we do not find there because they stare every observer in the face. On the contrary the world is presented in a kaleidoscopic flux of impression which has to be organized in our minds. This means, largely, by the linguistic system in our minds”. (Whorf 1956: 212)

La lengua propia lleva a ver el mundo de forma diferente a aquellos que hablan otras lenguas. (Torrano 2008: 116)

Benjamin Lee Whorf (1897-1941), el discípulo más célebre de Sapir, heredó los intereses de su maestro y realizó una serie de investigaciones sobre las lenguas indígenas americanas y canadienses. Luego de haber investigado la gramática y el vocabulario de los indígenas Hopi, descubrió que las diferencias entre su idioma materno, el inglés, y el Hopi; no solo son diferencias arbitrales sino que determinaban una forma diferente de clasificar y en cierta medida de percibir el mundo.  

Whorf descubrió que en la lengua hopi no existen verbales.  Whorf da un ejemplo con el verbo wari que significa “él corre”; pero no en tiempo presente sino como afirmación de un hecho. Podría significar: corrió, corre, ha corrido…es irrelevante.  Lo importantes es que el hablante y el receptor sepan el hecho del verbo.

La lengua navajo de Arizona es pródiga en palabras para referirse a líneas de diversas formas, colores y configuraciones. Entre la centena de términos que utilizan para este propósito figuran adzziisgai, que significa: un grupo de líneas blancas paralelas que se pierden en la distancia; ahééhesgai, que significa: más de dos líneas blancas formando círculos concéntricos.

Este amplío vocabulario permite a los hablantes del navajo referirse con facilidad a disposiciones geométricas que exigirían largas descripciones en inglés. Llama la atención la relación que tienen con el medio natural, especialmente con el desierto. Por ejemplo, una formación rocosa típica del desierto de Arizona en navajo se llama: Tsé Áhé’iiáhá; que significa: “dos rocas que se alzan verticalmente en paralelo y guardan una relación vertical”; en inglés, elephant foot (pies de elefante) Esto sugiere – según Whorf – que los anglófonos, ven objetos que se asemejan a otros, mientras que los navajos ven relaciones geométricas.

Whorf pensaba que por el uso de códigos lingüísticos diferentes  los hablantes europeos y los hablantes de la lengua Hopi viven en mundos contrarios; los europeos en un mundo con relojes y calendarios, los Hopi en un mundo de los eventos que ocurren. (Agar 1996: 66)

Otro ejemplo práctico mucho más reciente que sostiene la Hipótesis Sapir-Whorf descubierto por la lingüista holandesa Marianne Starren, según el cual, los alemanes perciben el mundo de forma diferente que los ingleses.

“Si mostramos un vídeo de un tren en marcha a un grupo de alemanes y les pedimos que describan lo que ven, inventarán una estación que no aparece en la imagen: “El tren va hacia la estación, o se aleja de ella“. Sin embargo, los ingleses verán un tren en marcha sin más: “El tren está en marcha“. O sea: “The train is riding“. Ellos disponen de la forma ‘-ing’ de los verbos, el llamado presente continuo. Con él pueden indicar fácilmente que algo sucede ahora, en este preciso instante, mientras que en alemán es gramaticalmente bastante más complicado y hay que recurrir a una perífrasis poco natural”

En conclusión, Whorf afirmó que en el caso de que una lengua no tenga una palabra para un concepto, sus hablantes nunca serán capaces de comprender tal concepto. Por ejemplo, los Hopi como consecuencia de su sistema lingüístico no tienen noción de tiempo como el futuro y  por tanto según esta teoría nunca podrían comprender tal concepto.

Gran parte de la doctrina ha desacreditado la Hipótesis Sapir-Whorf en su versión radical según la cual determinaría al individuo toda la visión que tiene del mundo; de tal modo que la lengua actuaría como una prisión, ya que “uno podría aspirar a comprender otro mundo pero no sería posible porque la conciencia está formada por la lengua nativa de uno”  (Agar 1994: 67)

Los críticos de la Hipótesis Sapir-Whorf en su versión radical añaden que la investigación de colores que hizo Whorf es errónea. Durante años sostuvieron que los amerindios zuñi no distinguían entre el color “amarillo” y el color “naranja” y que esto condicionaba su modo de pensar. En efecto, no disponen de vocablos para referirse a estos colores pero por una simple razón, no lo necesitan, pero esto no significa que no puedan distinguir la diferencia entre ambos.

En cambio, los indios del Amazonas tienen decenas de palabras para describir las diferentes tonalidades del color “verde”. Los esquimales tienen diecinueve palabras para describir los diferentes tipos de “nieve”. La tribu de los Kwawu en el África occidental tiene tres colores elementales: negro blanco y rojo, todos los demás colores son combinaciones o colores de cosas concretas; por ejemplo: la palabra “amarillo” se traduciría como “color de la grasa del pollo”

La versión débil de la Hipótesis Sapir-Whorf – el relativismo lingüístico, según la cual la lengua no determina  el pensamiento sino exclusivamente lo conduce – sí fue en gran parte aceptada.  Estudios de Deutscher (Bellos 2010) con los hablantes de la lengua indígena de Australia, demostraron cómo los hábitos de habla pueden tener grandes consecuencias fuera de la lengua.

Las lenguas, igual que los hablantes cambian con el tiempo, adaptándose al entorno y a las circunstancias sociales del momento. Las lenguas están vivas dentro de las comunidades en las que crecen y se desarrollan. Concebir una lengua de manera estática supone entender el mundo desde una perspectiva inmovilista incompatible con el ADN del ser humano.

El mundo cambia y se transforma diariamente; y nosotros con él sin darnos cuenta. Los individuos somos seres complejos y en nuestra diferencia es donde enriquecemos a las sociedades donde vivimos. No existen dos hombres iguales, ni siquiera los gemelos son idénticos. Desde el momento en el que nacemos comenzamos a cambiar y a variar nuestra forma de pensar y de ver la vida. Estoy completamente en contra de la idea de que todos los hablantes de una misma lengua comparten la misma cosmovisión. Mi idioma natal es el español pero, eso no significa que no pueda compartir cosmovisiones con los hablantes de las otras dos lenguas que hablo con fluidez: el inglés y el italiano.

Considerar que por el mero hecho de compartir un idioma todos los hablantes deban tener la misma visión del mundo es reducir e interpretar el concepto de cosmovisión de manera muy restringida.

Quienes nos hemos esforzado en aprender otras lenguas sabemos que el estudio de un nuevo idioma nos aporta una conciencia cultural mayor con respecto a quienes solo hablan uno.  Estudiar o hablar una L2 o L3 influye sobre la forma en que vemos e interpretamos la realidad que nos rodea.

Aprender otros idiomas consiste en conocer otra cultura, otra visión del mundo y, con esa experiencia, profundizar en la comprensión de nuestra lengua, nuestra cultura y por ende, del mundo en el que vivimos.

¡Si has llegado hasta aquí te mereces un regalo!

Si te suscribes al blog y dejas un comentario a alguna de las entradas te enviaré por email (completamente gratis) el libro completo: Manual de la nueva gramática de la lengua española de la RAE. Odio el spam igual que tú, por ese motivo jamás te enviaré correos basura ni venderé tus datos personales a tercero PALABRA =)

BIBLIOGRAFÍA

Agar, M. (1994). Language shock: Understanding the culture of conversation. William Morrow & Co

Deutscher, G. (2010). Does your language shape how you think. New York Times.

Hickman, M. (1987) Social and functional approaches to language and thought. Academic Press inc.

Sapir, E. (1949). Culture, Language and Personality. The regents of the University of California.

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8 thoughts on “Cómo la lengua determina la forma en la que percibimos el mundo: la hipótesis Sapir-Whorf

    1. Hola Ennio.
      Gracias por el comentario y por compartirlo entre tus contactos. Me alegra saber que te ha gustado el artículo¿Puedo preguntarte cómo has conocido la existencia de este blog?
      Saludos.
      Raúl

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  1. Excelente artículo y fabulosamente expresado.

    Estoy haciendo un trabajo de recerca que trata básicamente sobre este tema, y la verdad es que este artículo es el que me ayudará durante la presentación oral de mi trabajo. Muchas gracias.

    PD. Pues ya sabe usted que ahora estoy en espera del libro completo. (Manual de la nueva gramática de la lengua española de la RAE)

    Saludos.

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  2. Hi, I´m new here and I want to thank you for this text and I want to say that you have a fair point here regarding the statement that to share a language can´t make you think alike with your fellowship, but being a multilingual person (Spanish, English and Italian) being Spanish your mother tongue, I don´t know if you´ve got children, but let´s say you have, Which language do you choose or would you choose to address you beloved ones in a lovely way? And why? Obviously supposing your kids speak the same languages you do.

    You say that we can share cosmovisions with another people and I agree with this but why sometimes we feel like the words of the L2 don´t fit our emotions? Or why sometimes we feel our emotions can´t express, in other languages, what we´re feeling in that moment? Thus we require to our native language to convey our feeling with the correct Word(s). That question has been bothering me for quite a long time, I was thinking you may cast some light on it.

    Thanks in advanced.
    Have a nice day or night.

    By the way my name is Lucian, also a Spanish native speaker.

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  3. Muy interesante el artículo, sobre todo si analizamos la contextualización del pensamiento oriental con respecto al pensamiento occidental, se puede notar una diferencia clara en la forma de ver el mundo por las culturas orientales y la cultura occidental. Espero recibir mayor información para seguir aprendiendo con respecto a cómo influye el lenguaje en nuestra manera de ver y percibir el mundo que nos rodea, sobre todo, cómo cambia nuestra perspectiva de las cosas cuando aprendemos un lenguaje diferente al que hablamos nativamente.

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  4. Pero que buen artículo, me ha resultado infinitamente útil y me he pasado un buen rato leyendo de inicio a fin. Saludos!

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