¿Quieres saber dónde se habla el mejor español?: Riqueza, Variedad y Complejidad idiomática

 Todo profesor de español como lengua extranjera debe tener siempre presente cuál es la finalidad de su labor, que no es otra que la de ofrecer y facilitar a nuestros estudiantes los recursos necesarios para que puedan comunicarse fluidamente con el resto de los usuarios de la lengua. Por tanto, a partir de esta concepción de lo que significa enseñar una lengua extranjera, podemos concluir que enseñar español es enseñar a comunicarse en español.

Introducción

El español es una de las lenguas más habladas en el mundo tanto por el número de hablantes como por la superficie que ocupan los países que la tienen como lengua oficial y son varios los millones de estudiantes que todos los días acuden a clase para aprender o mejorar su competencia en nuestro idioma.

En este contexto el profesor que se dedica a la enseñanza de ELE deberá plantearse al inicio de un curso:”¿Qué español enseñar?” Esta cuestión, cuya respuesta es en apariencia sencilla plantea a su vez decenas de interrogantes.

Alguien podría responder que si un estudiante viene a España a aprender español, lo normal sería enseñar el “español de España”. Desde luego la respuesta tiene lógica pero ¿y si ese mismo estudiante que está aprendiendo español lo hace porque quiere trasladarse a vivir a Argentina?

Alguien propondría, para evitar problemas de este tipo, que la lengua objeto de enseñanza fuera el “español estándar” lo que nos lleva a plantear otra pregunta de difícil respuesta; ¿qué es el español estándar? ¿Quién decide los usos lingüísticos que quedan dentro o fuera de ese campo? Otros propondrían que el español estándar es el español de España.

Esto no solamente es injustificable desde el punto de vista demográfico, puesto que los españoles únicamente aportamos  un 10% del total de hablantes sino que también, supondría ignorar la tradición literaria de los países latinoamericanos.

Lo que en apariencia era una pregunta nos ha conducido a un laberinto de infinitas dudas acerca de cuál es la variedad o norma que debemos enseñar en nuestras clases de español.

Cada uno de los enfoques propuestos requiere ser matizado y especificado pero en todo caso diremos que es el profesor quien decidirá: pensando principalmente en las necesidades del alumno.

Estas necesidades lingüísticas no serán las mismas entre estudiantes dentro de programas de inmersión que estudiantes de cursos realizados en países donde el español no sea lengua oficial.

Lamentablemente no podemos aportar una respuesta universal a cada una de las preguntas anteriormente expuestas, quedará en manos del propio docente el tema de las variantes pero lo que sí podemos clarificar desde ahora es que lo lógico sería que si el programa de español se imparte en un país de habla hispana, la variedad del español que tenga que imponerse (sin perjuicio de enseñar otras) sea la propia del país.

No obstante, en el caso de programas de ELE en países de habla no hispana deberán de atenderse a otro tipo de factores como por ejemplo: la influencia cultural y económica o la cercanía geográfica.

La variación es algo innato a todas las lenguas que debemos interpretar no como un problema sino como una fuente de inspiración en nuestra labor docente y una manifestación de la riqueza cultural de una lengua compartida por más de 300 millones de hablantes en todo el mundo.

Veamos las diferencias idiomáticas a través de dos obras maestras de la literatura en lengua española: ‘Sangre Gorda’ de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero y ‘El Gaucho Martín Fierro’ de José Hernández

‘Sangre Gorda’ Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

Serafín Álvarez Quintero (Sevilla, 26 de marzo de 1871- Madrid, 12 de abril de 1938) y  Joaquín Álvarez Quintero (Sevilla, 20 de enero de 1873 – Madrid, 14 de junio de 1944) conocidos artísticamente como los hermanos Álvarez Quintero, representaron uno de los mayores exponentes del teatro popular y costumbrista español desde finales del siglo XIX hasta 1938 (año en que murió Serafín).

Andalucía está muy presente en toda la obra de los hermanos Álvarez Quintero, se calcula que más de dos tercios de su producción total se desarrolla en esa provincia española. De esta forma, la tierra que los vio nacer se convierte en fuente continua de inspiración para sus piezas teatrales; las cuales, reflejan el modo de ser y la idiosincrasia de sus paisanos.

A través de la lengua consiguen caracterizar a los personajes que la emplean. Y puesto que lo que persiguen es recoger los usos, costumbres y el habla andaluz, con el fin de captar su vida cotidiana: los Quintero prestan especial atención a la fonética: empleando en sus piezas teatrales expresiones características del español meridional que a continuación veremos mediante el análisis de una de sus obras: sangre gorda.

‘Sangre gorda’ es un sainete teatral o comedia breve presentada en un solo acto. En ella, intervienen dos personajes principales: Santiago (caracterizado por su parsimonia y falta de decisión) y Candelita (la joven a la que Santiago lleva cortejando durante dos años y que por falta de atrevimiento no se atreve a expresarle su amor). Candelita, cansada de esperar inventa una historia para dar celos a Santiago y así provocar que éste declare su amor incondicional por ella.

Los autores representan en el habla de Santiago una serie de expresiones características del español meridional:

a) tendencia a la pérdida de –r (me gusta calcula, poco va a dura, lo que me gusta a mi habla con uste Candelita, por qué no prueba a andá…);

b) proliferación del ceceo (¿ze pue paza?. como ze que a uste no le gusta que ze me vean, Tene tiempo, zi que he tenio tiempo,  Ha tenio uste zalero);

c) relajación y pérdida de las consonantes oclusivas sonoras intervocálicas, sobre todo en los participios en –ado (Que noz han dejao zolos a uzte y a mí, No habe podio darme una carrera);

d) uso de ustedes con valor de segunda persona del plural. Para lo social, las características lingüísticas son varias, y todas nos hablan de una persona de nivel socioeducacional bajo.

La obra de los hermanos Álvarez Quintero fue etiquetada apresuradamente por representar una Andalucía falsa y mitificada en contraste con la visión trágica que Lorca expone de esa tierra.

En nuestra opinión, los Quintero reelaboraron dramáticamente un lenguaje no inventando sino oído “desde dentro”, mostrando en toda su obra un compromiso vital y estético con el habla popular andaluza.

‘El Gaucho Martín Fierro’; José Hernández

José Hernández (Buenos Aires, 1834-1886) fue un poeta, periodista y político argentino, autor de El Gaucho Martín Fierro: obra que algunos han calificado como el “libro nacional de los argentinos” o “emblema de la argentinidad”.

La obra narra en primera persona la vida de un campesino argentino. Rápidamente alcanzó un gran éxito al verse reflejado muchos gauchos en los problemas y vicisitudes por las que pasaba el protagonista del libro.

El autor pretendió reflejar el lenguaje propio de estos hombres, considerado por algunos como el “genuino idioma nacional argentino”. La literatura gauchesca es un subgénero de la literatura latinoamericana que presenta descripciones de la vida campesina y de sus costumbres.  Gran parte del atractivo de la obra está en el lenguaje: veamos a continuación algunos ejemplos.

En la obra de Hernández hay predominio de los diminutivos: (pobrecito/-a/-s, poquito y poquitito, chiquito). Otros diminutivos adjetivos son (calladitos, mesmito, quietito, solito.) Los aumentativos se realizan preferentemente sobre dos sufijos -ón y -azo/- Con la primera se forman los adjetivos:( aza chapetón, ligerón, barrigón, dentellón, y los sustantivos lagrimones y puyones.) Con la segunda sufijación, como aumentativos se encuentran los sustantivos:( amigazo y torazo y los adjetivos apuradazo y brutazo. )

En «Yo no sé por qué el gobierno / nos manda aquí a la frontera/ gringada que ni siquiera / se sabe atracar a un pingo» (I, 889-92) Lo colectivo suele tener connotación negativa.

El autor hace un uso excesivo del pronombre personal de primera persona del singular aparte de otras formas enfáticas como «a mí», «para mí»: «A mí el juez me tomó entre ojos» (I, 343), «a mí no me gusta el cómo» (I, 432),  etc.

Otras de las características del lenguaje empleado por Hernández son las variantes vocálicas:

a)  el uso de –i por –e (ricuerdo, liciones, riunir);

b) uso de -e por –i (menistro, endigencia, polecía);

c) Uso de –u por –o (lumbriz, cubija).

Dentro de las variantes consonánticas destacan:

d) por adición: (ricuerdo, liciones, riunir);

e) por pérdida de consonante:

i) -g intervocálica (auja, aujero);

ii) -d final (alversidá, soledá);

iii) –d intervocálica (cuñao, perdió);

f) eliminación de una consonante (otenido, vitoria, inorancia);

g) cambio de consonante:

i) uso de –g por –b (güeno, güey);

ii) uso de –l por –d (alversidá, candilato);

iii) uso de –l por –r (pelegrinaciones, ploclama);

iiii) uso de –s por –x (reflexionar, extraordinaria);

h) seseo (enderecé);

i) yeísmo (buya) y por último

j) uso de –g  en lugar de aspiración delante del diptongo –ue: (güerfano, güeno).

El Gaucho Martín Fierro no solo forma parte del patrimonio cultural de Argentina sino que también, es una de las máximos exponentes de la literatura gauchesca, latinoamericana y, por tanto, del español de América.

Conclusiones

Todo profesor de español como lengua extranjera debe tener siempre presente cuál es la finalidad de su labor, que no es otra que la de ofrecer y facilitar a nuestros estudiantes los recursos necesarios para que puedan comunicarse fluidamente con el resto de los usuarios de la lengua.

Por tanto, a partir de esta concepción de lo que significa enseñar una lengua extranjera, podemos concluir que enseñar español es enseñar a comunicarse en español.

Dicho esto, parece lógico pensar que el español que debe enseñar el profesor en sus clases es aquel que permita a los alumnos comunicarse con cualquier hispanohablante; atendiendo a las particulares necesidades lingüísticas del aprendiente y a los objetivos comunicativos que pretende alcanzar asistiendo a nuestras lecciones.

Hay quienes destacan la importancia de enseñar un español delimitado por lo culto hacia arriba y lo vulgar hacia abajo; resultando un cuerpo llamado “español estándar”; otros en cambio apuestan por enseñar las variantes locales que tiene el idioma solo a partir de un determinado nivel de competencia; otra gran parte, señala que el tipo de lengua sobre el que hay que centrarse es la propia de la zona geográfica donde está siendo utilizada ( en entornos de inmersión) o donde será utilizada en el futuro.

Sin ánimo de ofender, no encuentro la lógica ni el significado a lo llamado “español estándar”.

En primer lugar, para que algo sea estándar tiene que existir un modelo o patrón que seguir. ¿Quién es el encargado de establecer la referencia? ¿Es acaso mejor el español que se habla en Bolivia del que se habla en España? ¿Y acaso no puede hablar mucho mejor español una persona del sur de España seseando o ceceando que otra de Valladolid?

¿Quién ostenta la legitimidad para decidir qué es lo bueno y qué es lo malo?

Intentar formular un “español estándar” es, bajo mi humilde punto de vista, una forma de violentar la realidad del lenguaje.

El idioma nace y vive en las comunidades en las que se habla y es una forma más de expresión cultural, por lo tanto, unificar el idioma significaría neutralizar las diferencias culturales que representa; y eso precisamente es uno de los grandes patrimonios que tiene el español, su riqueza, variedad y complejidad dependiendo del continente, país e incluso región donde se habla.

Entonces… ¿Qué español enseñar?, unas líneas más arriba hemos dicho que posiblemente la respuesta a esta pregunta sea mucho más fácil de lo que pensamos y más arriba aún, dijimos que el objetivo del profesor de ELE es enseñar a los estudiantes a comunicarse atendiendo a sus particulares necesidades lingüísticas, por tanto; el tipo de español que debemos enseñar en clase dependerá directamente del tipo de alumnado que tengamos y sus necesidades.

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