Estrategias de aprendizaje: Qué son y por qué debes aplicarlas en tus clases. Teoría y ejemplos prácticos

Si somos capaces de enseñar a nuestros alumnos mediante tareas estimulantes a aprender y beneficiarse de sus errores, a que sean cada día más autónomos, cada día más responsables y a que se aventuren a hacer conjeturas e hipótesis: formaremos alumnos más independientes y comprometidos con su formación aumentando sus posibilidades de éxito en el proceso de aprendizaje.

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Dejamos de temer aquello que hemos aprendido a entender” (Marie Curie). Aún  son un enigma las razones por las cuales términos con significados diferentes son considerados sinónimos por amplios sectores de la sociedad.

Esto es lo que ocurre con dos palabras que cita la física ganadora de dos Premios Nobel.

Si consultamos el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, aprender es definido como: “adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia; concebir algo por meras apariencias, o con poco fundamento; tomar algo en la memoria”.

Entender por su parte es definido en los siguientes términos:”tener idea clara de las cosas; saber con perfección algo; discurrir, inferir, deducir”. De eso, de razonar, discurrir y juzgar los elementos de aprendizaje es de lo que trata este artículo.

Antes de la adopción del enfoque comunicativo en la enseñanza de segundas lenguas, el aprendizaje se limitaba casi exclusivamente a la adquisición de una serie de contenidos de tipo curricular; es decir, se focalizaban todos los recursos materiales, técnicos y humanos en el aprendizaje del contenido.

Una vez comprendido el principio de que el fin último de la enseñanza de lenguas es facilitar a los estudiantes todas las herramientas necesarias para poder desarrollar una comunicación fluida y contextualizada con otros usuarios del sistema; el foco de atención ya no es únicamente el contenido, sino la forma y los motivos por los cuales los discentes adquieren esos conocimientos.

En otras palabras; pasamos del qué, al cómo y por qué, o lo que es lo mismo: de aprender a comprender.

Este profundo cambio de visión en la educación no fue producto del azar; más bien fue una consecuencia lógica de haber trasladado el protagonismo hacia las necesidades individuales de los estudiantes; lo que evidentemente provocó un cambio en los papeles y en la actitud que hasta ahora tenían los principales actores del proceso formativo.

El docente pasa a convertirse en una especie de gestor y supervisor que facilita el aprendizaje y que ayuda a sus alumnos a que sean más independientes.

Los estudiantes, pasan a tener un papel más activo y participativo: son menos dependientes del profesor y más responsables; capaces de tomar decisiones en lo que respecta a su propio aprendizaje.

En este nuevo contexto, en el cual los alumnos son cada vez más autónomos es necesario promover actividades en las cuales los estudiantes puedan aprender estrategias así como a reflexionar sobre ellas y a tomar conciencia sobre sus propios procesos de aprendizaje. Veamos un ejemplo práctico de todo ello.

En la actividad número uno de la secuencia didáctica (ver adjunto) se plantea el tema de la reflexión sobre los estilos de aprendizaje de los alumnos así como las estrategias que emplean en el estudio de la L2.

Estas actividades se sitúan con frecuencia al inicio del programa formativo, de esa manera, el estudiante sabrá cómo va a desarrollarse el curso y el resto de proceso de enseñanza/aprendizaje.

Los datos consignados por el alumno aportarán al profesor una información valiosa desde el punto de vista pedagógico a la hora de programar y planificar el currículo del curso. Si conocemos las motivaciones, aptitudes y limitaciones de aprendizaje de nuestros estudiantes podremos adaptar los contenidos y elegir un tipo de estrategias de aprendizaje adecuadas para cubrir las necesidades lingüísticas de los discentes.

En 1 A, la actividad permite al estudiante ubicarse dentro del contexto de aprendizaje y le prepara en relación a qué y cómo va a aprender. Según el enunciado de la actividad 1B, el alumno debe reflexionar críticamente sobre sus prácticas y tácticas utilizadas en el aprendizaje de la L2 empleadas hasta la fecha;  la información servirá al profesor para programar un proceso de aprendizaje más eficaz en el futuro.

En 1C, igual que en 1 A, se ofrece la oportunidad de debatir con el resto de los compañeros sobre los procesos y tácticas de aprendizaje utilizados. El objetivo es fomentar en los estudiantes la idea de que existen diferentes estilos de aprendizaje y que no hay un estilo que sea mejor que otro sino que lo importante es que cada uno encuentre el que mejor se adapta a sus características personales, afectivas…

En 1D, nuevamente se busca que el estudiante reflexione sobre sus propios mecanismos de aprendizaje a través de una actividad de tipo práctico; haciéndoles ver cómo a través de un contexto situacional pueden extraer el significado de una palabra desconocida.

Debemos enseñar a los estudiantes a convivir con un cierto grado de incertidumbre en los intercambios comunicativos que realizan en la lengua meta y a aprender a desarrollar estrategias que les permitan comprender un mensaje sin necesidad de entender todas las palabras

En estas primeras cuatro actividades de la secuencia el diseñador del material ha intentado que los estudiantes encuentren su propia vía de conocimiento fomentando el desarrollo de las estrategias de aprendizaje y ayudándoles a elegir aquellas que mejor se adaptan a su forma de aprender.

Conviene recordar que no todos aprendemos de la misma forma, por ese motivo, una estrategia de aprendizaje exitosa para un alumno puedo no serlo para otro.

Según R. Oxford y B. Leaver (1996:228) :

” el propósito del entrenamiento de estrategias consiste en ayudar a los alumnos a ser más activos, más autónomos, más independientes y más capaces de distinguir qué estrategias les son más favorables individualmente”.

Para analizar las actividades 2 A – 2E, partiremos de las ideas de M.Valcárcel et al. (1996) según las cuales para que se produzca el conocimiento el alumno debe tomar una participación activa durante el proceso de aprendizaje; activando sus conocimientos previos sobre el contenido lingüístico (en este caso los sinónimos), interactuando motivadamente con el resto de sus compañeros e incorporando la información nueva recibida con los conocimientos anteriormente adquiridos.

En 2 A se busca activar los conocimientos previos y generar en los alumnos las expectativas apropiadas para el resto de las tareas.

El enunciado de la actividad pide a los alumnos que definan “con sus propias palabras” aquello que entienden por sinónimo. En esta actividad se persigue que los alumnos adquieran lo que Shank (1998) definió como el conocimiento profundo o conocimiento idiosincrásico.Los estudiantes, de esta forma,  construyen su conocimiento sobre los sinónimos de una manera activa y significativa a través de la actividad de procesos mentales.

En la segunda parte de la tarea el enunciado pregunta al estudiante si recuerda otros sinónimos. Esto es lo que Shank entiende por comprensión cognitiva: el estudiante, una vez extraída la estructura de la información previamente facilitada, la aplicará y buscará ejemplos de uso. Incluso podría afirmarse que estas actuaciones didácticas favorecen la memoria a largo plazo mediante una reflexión de los conocimientos previos en relación con aquellos que están aún por venir y que veremos en la siguiente actividad.

En 2B el diseñador del material pretende desarrollar en los alumnos un conocimiento de tipo conceptual ya que lo que los alumnos comprenden son conceptos, cómo se relación entre ellos y la lengua, pero no como actuar con ellos. De esta labor se ocuparán las siguientes dos actividades.

El objetivo principal que se persigue en 2C, aparte del desarrollo de la competencia comunicativa, es permitir que el alumno gestione su propio proceso de aprendizaje de los sinónimos a través de la resolución de un problema de tipo lingüístico. El primer enunciado invita a los alumnos a que razonen sobre el uso de los sinónimos mientras que en el segundo se les pide que interactúen mentalmente con el material de la actividad 2 A seleccionando diferentes palabras para llevar a cabo una tarea lingüística.

La actividad 2D se base sobre la teoría cognitiva del constructivismo según la cual los alumnos no solo adquieren conocimientos previos sino que también los construyen usando su experiencia previa para comprender y estructurar la información nueva.

En las cuatro subtareas en la que se divide la actividad se incita al alumno a que realice él mismo sus propias conjeturas en relación con los enunciados propuestos, entrando en una fase de experimentación lingüística y de profunda reflexión mediante el desarrollo de sus estrategias.

Por último en 2E, a través de una actividad de producción escrita, se persigue que los estudiantes relacionen la información aprendida en las tres actividades precedentes.

Los alumnos podrán autoevaluarse aplicando sus propias medidas internas de conclusión y exactitud o bien podrán comprobar sus resultados con el resto de compañeros para a continuación, abrir un espacio de reflexión y debate con el grupo de gran valor pedagógico. En esta fase se constatan las hipótesis previas y se corrigen o se afirman.

Estas actividades buscaban incitar en el alumno el deseo de tomar riesgos elaborando conjeturas e hipótesis sobre el lenguaje, haciéndoles conscientes de las estrategias que ya emplean y ayudándoles a controlar la eficacia de aquellas que ya usan.

En las últimas cuatro actividades de la secuencia se ofrece a los alumnos una definición de antónimo,  se invita a que busquen términos intermedios a un antónimo y sinónimo, se advierte de cómo los antónimos pueden cambiar de significado dependiendo del contexto y por último, la secuencia termina con una actividad práctica en la que se pide que los alumnos que reflexionen sobre conceptos opuestos. El objetivo general de estas actividades es dotar a los alumnos de estrategias efectivas para la solución de problemas y composición de frases.

En 3 se activan los propios conocimientos para prever lo que se va a leer en las sucesivas tareas ayudando al alumno a esclarecer las intenciones educativas de la secuencia y poder así encontrar un sentido y valor funcional a lo estudiado.

En 3 A, a través de una representación analógica/visual de conceptos se fomenta el uso de la inferencia inductiva motivando al estudiante a que adivine el término intermedio ayudándose de dos palabras clave. Los buenos aprendices dicen J. Rubin y I. Thompson (1982) son aquellos que permiten que el contexto les ayude a resolver problemas lingüísticos y los que aprenden a hacer hipótesis inteligentes.

De acuerdo con estas premisas, el diseñador introduce la actividad 3B en la que se fomenta la capacidad creativa de los alumnos. En función de diferentes tipos de contexto, éstos deberán elaborar frases relacionando la información nueva con los conocimientos previos: creando asociaciones personales y significativas con la información nueva.  No es casual que la actividad 3 (igual que lo hicieron la número 1 y la número 2) termine con una práctica de los conceptos vistos.

La práctica y el ensayo son claves en el proceso de envío de elementos al almacén de la memoria a largo plazo. Tiene como objetivo formar en el alumno una visión sintética e integradora del material visto.

Conclusiones:

Las estrategias de aprendizaje se convirtieron a partir de la década de los años 70 en un tema de especial atención para diferentes disciplinas como la Lingüística, la Psicología, la Didáctica y las Ciencias Sociales.

A pesar de no existir una unanimidad en cuando a qué son las estrategias de aprendizaje, cuántas son o cómo podemos clasificarlas, si hay un cierto consenso a la hora de considerar su importancia como un elemento más dentro del contenido de aprendizaje y sobre el hecho de que su enseñanza beneficia a los alumnos en general.

Se sabe que las personas competentes dentro de un área de conocimiento lo son no tanto por sus habilidades intelectuales sino por las especiales formas en las que procesan la información.

J. Rubin (1975) sugería que esas formas de tratar el saber podían ser aprendidas y, por tanto, enseñadas por los profesores para que el resto de los usuarios pudieran optimizar sus esfuerzos. Este es precisamente el objetivo que tiene la formación en el uso de estrategias de aprendizaje: “enseñar explícitamente a los estudiantes cómo, cuándo y por qué pueden usar las estrategias para aminorar sus esfuerzos” A. Cohen (1998:69).

Si estas no fueran suficientes razones para decidirse a incorporar la formación en estrategias de aprendizaje al contenido de nuestras clases: conviene recordar que la utilización eficaz de estas estrategias también puede hacer que aumente la motivación de nuestros alumnos: factor clave en el aprendizaje de idiomas.

La motivación es la gasolina de nuestro cerebro y está demostrado como factores del tipo afectivo pueden influir en nuestro rendimiento. Decía Stevick que:” el éxito de un curso de idiomas depende menos de los materiales, las teorías y los análisis lingüísticos; y más de  lo que ocurre dentro y entre las personas que están en el aula”. (Stevick, 1990:4).

De lo que se trata es de que el aprendiz identifique que posee las herramientas para aprender a comunicarse en la L2 y de que pueda mejorarlas.

Si somos capaces de enseñar a nuestros alumnos mediante tareas estimulantes a aprender y beneficiarse de sus errores, a que sean cada día más autónomos, cada día más responsables y a que se aventuren a hacer conjeturas e hipótesis: formaremos alumnos más independientes y comprometidos con su formación aumentando sus posibilidades de éxito en el proceso de aprendizaje.

Bibliografía:

Cohen, A. (1998): “Strategies in Learning and Using a Second Language”. Harlow, Essex: Longman.

Oxford, R & B. Leaver (1996): “A Synthesis of Strategy Instruction for Language Learners” in R. Oxford (ed.): Language Learning Strategies Around the World: Cross-cultural Perspectives.

Rubin, J. (1975): “What the ‘Good Language Learner‘ can teach us”, TESOL Quarterly 9/1: 41-51.

Rubin, J. & I. Thompson (1982): How to be a more successful language learner. Boston, Mass.: Heinle & Heinle.

Stevick, E.W. 1989. Success with foreign languages: Seven who achieved it and what worked for them. Englewood Cliffs, N.J.: Prentice-Hall

Valcárcel, M., Coyle, Y. y Verdu, M. (1996): “Learning Foreign Languages: Learner Strategies“, en McLaren, N. and Madrid, D.

Anexos:

 

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